Por: Isaac Paniagua Inostrosa

Me encantan los deportes, desde la infancia, los recuerdos más presentes que tengo son aquellos en los que estoy rodeado de amigos, divirtiéndonos horas en los parques o en el patio de la escuela, el escape emocional de practicar un deporte me resultó tan placentero que mi vida se ha configurado en gran parte en torno a disfrutar mis tiempos libres conviviendo en el deporte, desde pequeño he sido gran amante del fútbol, básquetbol y fútbol americano. Este último lo práctico desde los 15 años (actualmente tengo 24), primero en el equipo Potros A.C., posteriormente en los Potros Salvajes, equipo perteneciente a la UAEMéx, además, tuve un breve recorrido por los Pumas Acatlán y mi última temporada la realicé en las Panteras de Siglo XXI.
Pero algo sucedió. Hace unos meses, en septiembre del año pasado, mientras disputaba uno de los juegos más esperados en mi temporada de fútbol americano universitario, ocurrió lo que médicos expertos catalogan como una de las peores lesiones existentes, era el tercer cuarto del partido cuando se presentó una jugada de fumble. Vi la oportunidad de recuperar el balón y hacer la “jugada grande” que podía acercarnos en el marcador. Mientras corría hacia el ovoide, suelto tras el error del mariscal de campo, me agaché en posición para intentar levantarlo. Justo en ese momento, un compañero se lanzó con fuerza hacia mi pierna derecha, con el casco por delante. Mi tacho se atoró en el pasto sintético, y en ese mismo instante, un liniero ofensivo del equipo contrario cayó sobre mí, ejerciendo presión como una especie de palanca. Fue entonces cuando escuché un sonido inconfundible: un crujido seco, muy parecido al que hace un palo de escoba al romperse, caí de espaldas, sin saber que había ocurrido pues los jugadores que estaban encima de mí no me permitían observar con claridad, segundos después, cuando pude ver, mi pierna derecha carecía de uniformidad, estaba prácticamente en dos partes; con la vista nublada, un dolor indescriptible y un sentimiento insípido, acudí al hospital donde me intervinieron horas después.
Durante las horas de espera, los pensamientos fluyen a gran velocidad, surgiendo preguntas que sabotean: ¿Por qué a mí? ¿Por qué no actué de manera diferente en esa jugada? ¿Qué habría pasado si no hubiera estado allí?
“Los accidentes pasan”, “no hay mal que por bien no venga”, “todo pasa por algo”, eran frases que escuchaba todo el tiempo, embargado por emociones confusas de arrepentimiento y frustración que no me permitían entender el poder y significado de las palabras. El diagnóstico fue una fractura expuesta de tibia peroné, una lesión difícil ya que nunca había tenido un procedimiento tan profundo, que al momento en el que escribo estas líneas, medio año después, aun me hace padecer secuelas; la mejora ha sido paulatina, afortunadamente me siento mucho mejor pues he comenzado a correr de nuevo, sin embargo, de algo estoy seguro, y algo que quiero transmitir a quienes me leen, es que sin esas personas que te ofrecen una mano o palabras de aliento, mi recuperación habría sido mucho más difícil.
El reposo obligatorio me hizo poner el freno de mano a mi vida: el trabajo, la escuela y, por supuesto, el deporte. Tiempo en casa en el que el dolor y la zozobra se volvieron el rival a vencer, podía ver la angustia en mis círculos más cercanos, pero dentro de esa preocupación también podía percibir algo, un amor que hace que todas esas frases cobren sentido. Sí, viví un momento complicado, sin embargo, en el otro extremo todo mejora cuando tienes a tu familia, pareja y amigos atentos a tu salud. El apoyo que te brinda la gente cercana tiene un sabor especial, posee dentro de su naturaleza la medicina de mejor calidad, aquel o aquella deportista que este pasando por algo similar le tengo que recomendar altas dosis de paciencia y reflexión, a veces las cosas que consideramos prioridad no son tan importantes como creemos, que en tiempos de lesiones los ingredientes de cariño y fraternidad son increíblemente preciados, así mismo, si quien me lee no ha pasado por incidentes similares, la idea de valorar la salud es esencial, disfrute de la misma y cuide de ella, que solemos dar la vitalidad por sentada, aunque debería construirse y ser valorada todos los días.